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Violencia

 

El trabajo cuyos resultados se recogen en este Cuaderno de Investigación No. 29 se desarrolló desde el Área de Estudios sobre Historia Local de AVANCSO; un acierto a nuestro juicio, pues la interpretación de las mujeres de comunidades de los municipios de Santa Cruz y San Cristóbal, en Alta Verapaz, sobre las violencias que padecen pone en tensión la versión oficial de la historia de nuestro país, incluyendo lo concerniente a la etapa actual considerada “de la paz”. El título mismo del Cuaderno, tomado de la formulación de una de ellas: “La violencia de antes no está atrás, la violencia de antes está adelante…”, anuncia esa tensión que, evidentemente, problematiza también la concepción del tiempo en la historia y alude, de igual manera, a una historia dándose.

El subtítulo del Cuaderno: Mujeres indígenas: su relación con la violencia y “las justicias”, sitúa a lectores y lectoras en el meollo de la investigación. La indagación y la construcción conceptual con las mujeres con quienes se interactuó buscan dar cuenta e interpretar la experiencia de ellas cuando acuden en busca de justicia tras sufrir algún tipo de violencia. Se enuncia como “las justicias” porque el trabajo enfoca tanto en el sistema de justicia del Estado, como en la justicia comunitaria, que en estos lugares es ejercida principalmente por los Cocode, aunque también por algunos comités y pastores evangélicos. De manera rápida puede decirse que la conclusión es que las mujeres no encuentran justicia en ninguno de los dos sistemas y que en ambos prevalece una estructura patriarcal que con frecuencia las devuelve al punto de origen de su largo y difícil camino en busca de una salida a su situación. Pero el libro es más bien una invitación a la comprensión de cómo se ha construido esa realidad y, sobre todo, de cómo la interpretan y formulan las mujeres.

La discusión sobre el pluralismo jurídico que ha movido al país en los últimos meses puede encontrar en este texto nuevos elementos de complejidad e, igualmente, nuevas miradas para enriquecer propuestas innovadoras en este campo. Entre los elementos que vale la pena destacar están, por una parte, la mirada problematizadora sobre la naturaleza de las estructuras comunitarias que cumplen funciones de justicia. Por otra parte, la constatación de la enorme distancia que existe entre la realidad de las mujeres y sus aspiraciones, y la legislación que dice ampararlas.

El trabajo de campo que se desarrolló y que fundamenta este libro, supuso una inmersión profunda en las comunidades y partió del convencimiento de que las mujeres, si bien son víctimas de violencias, también son sujetas “con razón”, es decir, personas con capacidad de analizar su devenir y situación y de formular una interpretación propia. En este sentido, este trabajo es un encuentro de saberes que resulta en enfoques y formulaciones que de lo contrario no hubieran surgido. Pero, más allá de esto, como lo indican los autores, es también un encuentro de vidas, un ponerse delante de espejos que reflejan e involucran igualmente las vidas de quienes  desarrollaron el trabajo de investigación.

Desde el principio y hasta el final del trabajo, el equipo estuvo integrado por el historiador Gustavo Palma, quien lo coordinó, y el politólogo con formación en Derecho, Walter González, quien desarrolló y puso en práctica la metodología arriba descrita brevemente.  En su fase inicial, el equipo contó con la participación de la antropóloga Aura Cumes.

Sobre los murales en San Cristóbal y Santa Cruz Verapaz:

Agradecemos a Pastoral Social-Cáritas de la Diócesis de la Verapaz, especialmente a Maynor Morán y Yojana Hernández; así como a Caja Lúdica, Edvin Simón y Paul Menchú, su valioso apoyo en la identificación y ubicación de muchos de los artistas que participaron en la elaboración de los murales cuyas fotos ilustran este libro, así como de las instituciones que apoyaron su realización.

Instituto AVANCSO. Enero 2017.

 

cadaveres

Es difícil imaginar que un viaje por la reconstrucción de unos archivos pueda ser cautivante, emocionante, hasta delirante. Pero en este trabajo de Kirsten Weld, que publicamos como el número 26 de nuestra serie Autores Invitados, desde la lectura del título mismo, Cadáveres de papel, nos vemos impelidos a continuar leyendo hasta el final. ¿Qué es lo que hace que el libro de esta historiadora, que constituye su trabajo de tesis de doctorado, nos resulte de esta manera apasionante? 

Lo primero que hay que decir es que no se trata de la reconstrucción de unos archivos cualesquiera; se trata de los archivos que encierran una buena parte de la historia de represión estatal de nuestro país: los archivos de la Policía Nacional. Junto a esto, también hay que decir que la reconstrucción se daba en un contexto político de intenso debate sobre la historia nacional y, sobre todo, de la historia reciente. Estos archivos, descubiertos casualmente por un activista de los Derechos Humanos, él mismo historiador, tenían y continúan tendiendo el gran potencial de aclarar, documentar, ilustrar esa historia. Su reconstrucción está entonces atravesada por la discusión más de fondo y aún vigente sobre cómo y quién escribe la Historia. 

Y con esto llegamos a otro aspecto sumamente interesante de lo que nos narra Weld: ¿quiénes son las personas que trabajan en lo que se convirtió en el Proyecto de Recuperación del Archivo Histórico de la Policía Nacional? Son ni más ni menos que una amplia representación de personas, hombres y mujeres, que habían adoptado posiciones críticas frente al Estado dictatorial y se habían así convertido en blancos de esa Policía Nacional cuyas entrañas ahora estaban examinando. En este ámbito, Weld nos relata dolorosas historias personales de lo que en el plano subjetivo representó para estos trabajadores y trabajadoras incursionar en el contenido de los documentos guardados con afán burocrático en esa dependencia. Un ángulo subrayado por la autora y que supone un logro importante, aunque no haya sido parte del diseño, fue el traslado de historias a través de generaciones al coincidir en el trabajo del Proyecto diversas generaciones involucradas de distintas maneras en la lucha social. Podríamos decir que el Proyecto constituye también un laboratorio o un taller de Historia Nacional. 

Desde otro punto de vista, Cadáveres de papel nos regala una amplia exploración teórica de la relación entre archivos e Historia. Destaca aquí la idea de pensamiento archivístico. ¿Para qué archivaba la Policía Nacional? ¿Qué documentos mandaba al Archivo? ¿Qué era el Archivo? Una respuesta rápida es que el Archivo generaba para la Policía Nacional la posibilidad de reprimir: allí estaba la información pormenorizada sobre los “enemigos del régimen”, allí se podía confirmar el cumplimiento de las órdenes recibidas, allí se guardaban los cadáveres. El Archivo fue una de las principales armas de la inteligencia de las fuerzas represoras. Hecha hoy en día una pregunta similar, sería ¿para qué recupera documentos el Proyecto? ¿Con qué lógica los guarda? ¿Cómo los usa? De nuevo, una respuesta rápida: el Archivo sirve para contrarrestar la Historia Oficial; sirve para apoyar y construir procesos legales en el momento de la justicia transicional, sirve para desmontar la lógica de la represión y para dar cabida a la esperanza. Son los mismos papeles, pero diferente pensamiento archivístico. 

Kirsten Weld cuenta en este libro una historia, no solo irrepetible, porque como ella misma dice, una vez que el archivo se ha reconstruido, ya no es visible el proceso, sino que una historia de la que ella misma formó parte. Valoramos de manera especial su sentido ético al acercarse al proceso como una colaboradora o trabajadora más del Proyecto, sometiéndose a las estrictas reglas sobre el manejo de la información y también a la experiencia concreta de acercarse a las pilas de papeles podridos que contienen historias desgarradoras.

Instituto AVANCSO. Mayo 2017.